El presente Ideario refleja los principios y valores que se desean vivir y transmitir como Comunidad Educativa católica de la Diócesis de Posadas. Por ello, nos enmarcamos en el ideario diocesano y buscamos darle a nuestra tarea educativo-evangelizadora una impronta propia inspirada en nuestra Patrona, Nuestra Señora de la Candelaria, y en los primeros misioneros jesuitas que trajeron la fe a estas tierras, especialmente San Roque González de Santa Cruz, que fundó la reducción de Ntra. Sra. de la Candelaria, y gracias a los cuales luego se construye nuestra Parroquia, bajo la misma advocación mariana.
Ideario Institucional
Nuestros modelos: Ntra. Sra. de la Candelaria y S. Roque González de Santa Cruz junto a sus compañeros los Sacerdotes Jesuitas.
Como cristianos, Jesús es nuestro principal modelo, pero también tenemos a los santos, que, siguiéndolo, nos ayudan en nuestro camino de discipulado. Debido a esto, a ejemplo dentro. Sra. de la Candelaria, como comunidad educativa queremos transmitir a Jesús, luz del mundo a nuestros alumnos, sus familias y a la comunidad de nuestra Localidad en comunión con la Iglesia local. Deseamos que nuestro colegio sea luz para toda la sociedad, así como lo fue Candelaria, capital de las misiones jesuíticas, y así como María llevó en sus brazos a la Luz del mundo, ofreciendo con amor, respeto y humildad lo que hemos recibido por gracia de Dios.
Como María lo fue con Jesús, buscamos ser formadores de los niños y jóvenes educandos, conscientes de que esta gran tarea incluye la formación integral de los mismos: Así como Jesús, que “crecía en estatura, sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres” (LCD 2, 39), estamos llamados a propiciar una formación que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona humana (intelectual, psicológica, biológica, social y espiritual).
La Virgen de la Candelaria toma su nombre de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, que tuvo su origen en el Oriente con el nombre del “Encuentro”, y después se extendió al Occidente en el siglo VI, llegando a celebrarse en Roma con un carácter penitencial. Aunque según otros investigadores, esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercales.
Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación de Jesús en el Templo, asociada a cirios, antorchas y candelas encendidas en manos de los fieles. Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, el 2 de febrero en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (LCD 2, 22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento (Leve 12, 1-8). En este texto evangélico la Virgen María y San José aparecen llevando al niño Jesús para consagrarlo al Señor en el Templo, donde les sale al encuentro Simeón, el cual reconoce en Jesús al Mesías y alaba a Dios por haberle permitido ver la salvación que ya estaba comenzando a realizar y define al Niño como “Luz que alumbrará a las naciones” (LCD 2, 32). Luego de que Simeón profetizara sobre el destino de Jesús, se encuentran con la profetiza Ana, anciana que también glorifica al Señor y da testimonio sobre Él a los que esperaban la liberación (Lc 2, 38). Providencialmente, este texto de Lucas termina con la cita que inspira el ideario educativo de la Diócesis: “Y el niño crecía en estatura, sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2, 39).
También nos inspiramos en la misión de los primeros jesuitas que evangelizaron nuestras tierras, especialmente en San Roque González de Santa Cruz, que de manera inculturada y respetuosa de la dignidad de las personas supieron dar incansable testimonio de la fe y entregar su vida para el bien de los guaraníes, habitantes originarios de nuestra tierra.
Deseamos aprender de ellos a hablar en el lenguaje de los niños y jóvenes de hoy para lograr en ellos una formación integral, no sólo humana, sino también espiritual, partiendo de María para llegar a Jesús.
Buscamos formar personas íntegras que se comprometan con la construcción de una sociedad más justa y fraterna, empezando por vivir los valores evangélicos en las relaciones consigo mismos, con los demás y con toda la Creación.
Queremos ser defensores de la vida, especialmente de la más amenazada, desde la concepción hasta la muerte natural, así como lo fue la S. Virgen María, que desde el inicio dijo sí a la Vida de Jesús, aún en una situación de gran vulnerabilidad, y también a ejemplo de los Santos Roque González de Santa Cruz y sus compañeros, que apostaron por un proyecto de vida para los pueblos originarios que estaban siendo esclavizados y masacrados por los conquistadores.
También queremos abrir nuestra institución para salir más allá de sus fronteras a servir a la comunidad, en especial a los más pobres y necesitados, hablando siempre el lenguaje del amor, sin hacer diferencia de religión, de clase ni de ningún tipo, ya que todos somos hermanos.
San Roque González de Santa Cruz, en su gran deseo de llevar el Evangelio a todo el mundo, es ordenado sacerdote a los 22 años e ingresa en la Compañía de Jesús en 1609. Con gran pasión misionera funda distintas reducciones, entre las que se encuentra la de Candelaria (1627), en las cuales se llevó a cabo una obra evangelizadora totalmente innovadora para la época, en la lengua nativa, respetando la cultura y autoridades de las comunidades mbya guaraníes, proveyendo resguardo contra los asaltos de los grupos europeos que atacaban las aldeas y realizando una promoción humana en todos los aspectos de la vida. Se dice que las reducciones son un modelo en cuanto a que concretizaron el ideal de vida comunitaria propuesto por Jesús en el Evangelio y vivido por las primeras comunidades de la Iglesia: donde todo era de todos y nadie pasaba necesidad. En una de sus cartas a su hermano Francisco se encuentra reflejada su visón sobre las reducciones: “Nosotros trabajamos por la justicia. Los indios necesitan estar libres de la esclavitud y de la dura servidumbre personal en que ahora se encuentra. En justicia ellos están exentos de esto por ley natural, divina y humana”. Además de su celo misionero se destaca en San Roque, su gran amor a la Virgen María, por medio de la cual “conquistaba corazones para Cristo. Se cuenta que muchas veces con sólo levantar el cuadro con la imagen de Nuestra Señora, [los aborígenes] admiraban la belleza de María y sin pronunciar palabra, se convertían”. Luego de su martirio, su cuerpo fue quemado pero su corazón se mantuvo intacto, ese mismo corazón, luego de su muerte siguió siendo testimonio de ese gran amor de Dios, llamando al arrepentimiento a sus propios asesinos.
